Una vez me comentó brillante economista Emilio Ontiveros (que en paz descanse), profesor mío en la UAM y al cabo de muchos años amigo, que ninguno de sus alumnos brillantes había acabado en política, y que era una pena. Él mismo sonó para ministro de Economía muchas veces, y lo acabó rechazando.
Parece que los mecanismos que comentas son ciertos, y que hay corruptos no sería más que una consecuencia lógica del sistema. Dos matices, sin embargo:
1) Hay mucha gente decente en política. Y muchos altos cargos de la Administración que no han tocado nunca un duro. Sí concedo que para llegar muy alto, hay que prescindir no solo de la vidad personal, sino también de la moral. Lo cual, visto desde un punto de vista de asignación de recursos, es paradójicamente inevitable, pues el sistema castiga a la gente con ética. Pero esa falta de ética debería limitarse a lo político (y hasta lo personal), no a lo económico. El poder concede sensación de inmunidad.
2) Sin embargo, eso significaría que los noruegos y los holandeses, todos los seres humanos en general que se dedicasen a la política, tenderían a la misma corrupción. Pero no es así. Por el contrario, los noruegos y los holandeses (por poner ejemplos que nos salen naturales) son igual de corrompibles. Pero el incentivo de la corrupción es inferior al miedo al castigo, y a las probabilidades de ser atrapado.
Ese, creo, es el principal problema de una cierta cultura latina (aunque en Portugal hay menos corrupción que aquí): una cierta tolerancia social, que se quiebra solo en los casos más escandalosos, y la ausencia de un sistema público de control. Ten en cuenta que, al fin y al cabo, nuestra cultura política bebe de una tradición romana basada en el clientelismo (de la que carecen los países germánicos, y sé que caigo en un tópico manido). El Tribunal de Cuentas debería ser temido por los políticos, no ninguneado.
La solución, como bien dices, no es reemplazar la democracia por otra cosa. Platón no estaba en lo cierto, aunque ya vio entonces los fallos del sistema. La voluntad general, voluble y desinformada, siempre será mejor que el criterio interesado de unos pocos, por buenas intenciones que supuestamente tengan. Sin embargo, hacia allá vamos, y la culpa no es nuestra, sino de quienes han dirigido el sistema político diciendo una cosa y la contraria.
Una pena. Los que aúllan ahora escandalizados se preparan para ocupar los despachos que van a quedar vacíos, y la rueda volverá a girar.
Hola Ignacio. Tuvo que ser un lujo ser alumno y amigo de Ontiveros, uno de los economistas más destacados que ha tenido nuestro país.
Es obvio que hay gente que hace bien su trabajo en la Administración Pública y que jamás tocaría un euro, sin duda. Pero al final los incentivos en las altas esferas priman a aquellos con menos escrúpulos, con menores frenos morales de hacerse con el poder. Decía Lord Acton que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Estoy de acuerdo en el matiz cultural sin duda. Pero si lo mencionaba en otro comentario. Aunque en otros países la tolerancia social sea sensiblemente menor, no se libran totalmente de que aparezcan políticos corrompidos en altas esferas. Justo ahí va mi critica, con esa sensación de resignación de pensar que lo ideal, ningún corrupto dentro de nuestros gobernantes, parece un objetivo imposible. Y por eso señalo a los incentivos del sistema. Pero comparto que Platón se equivocaba, el pueblo debe ser soberano, aunque se equivoque. Aunque eso no debe frenarnos para criticarlo. Un placer como siempre debatir contigo, un abrazo.
Muy fatalistas Ménez e Ignacio. Todo el mundo en #sPAIN a llegado a creérselo y a los políticos les viene muy bien.
La gente humilde cree que no tiene alternativa porque todos los partidos son corruptos y los medios de comunicación lo confirman.
Y cuando se acaba la crisis por no decir la fiesta y cuando ya nadie habla de los escándalos volvemos todos y todas alegremente a votar a los mismos corruptos.
Afortunadamente hay irreductibles, yo por ejemplo. Desde 2015 no voté a otro partido que Podemos y nunca me he sentido defraudado.
Pero olvidáis que hay gente, muy poca estoy de acuerdo, que entran en política para cambiarlo todo y pelear para derechos y libertades y menos desigualdades o injusticias. Y esa gente lleva 11 años en varios gobiernos municipales, autonómicos y estatales en puestos de muy alto nivel. Y once años con corrupción cero. Si se puede.
Pero no se ha merecido que ninguno de los dos habéis mencionado ese muy pequeño pero tan importante detalle.
Puede que los incentivos no sean los mejores pero, como apunta Ignacio, creo que el clientelismo cultural nos pasa especialmente factura.
Detecto una pequeña contradicción en tu apreciación: si - un tanto ideológicamente - sostienes que lo que predomina en la naturaleza humana es la tendencia a buscar nuestros propios intereses por encima de los colectivos, que los trepas políticos abunden frente a los servidores públicos es solo una consecuencia inevitable, y por tanto no es que lleguen los peores de entre nosotros: es que nosotros también somos eso que vemos en la élite corrupta. Casi todo el mundo se tiene por más moral de lo que en realidad es. No tengo tan claro que la tasa de corrupción política sea mucho más alta que la corrupción social. Pero es más escandalosa y mediática. Un asesino que se lía a tiros un día causa mucho más escándalo que los miles y miles de cooperantes que trabajan por otros sin ser noticia durante ese mismo día.
Dicho esto, estoy contigo en que es necesario endurecer y erradicar incentivos perversos. Por ejemplo, yo subiría la apuesta: yo incentivaría el propio ejercicio público con salarios más altos, con una parte variable en función de resultados electorales parciales. El salario del presidente del gobierno es muy bajo. Y por supuesto endurecería enormemente los delitos de corrupción. Para mí, al nivel de la alta traición. Tanto para corruptos como para corruptores. Que aquí casi ningún medio habla de las empresas que pagan para corromper. Será porque precisamente patrocinan esos medios.
Hola Javier. No se trata de una contradicción, justamente pienso como apuntas. Tengo la intuición de que los gobernantes en una democracia representan mejor al pueblo de lo que creemos. Ya conoces los posts en los que he abordado la ignorancia o irracionalidad del votante. Por tanto, no creo que los políticos sean mucho mejor que la sociedad a la que representan, aunque como apunta Ignacio, se venden como tal. Lo que si sucede, que creo que es la gran diferencia entre políticos y votantes, son las reglas del juego, el sistema de incentivos de cada uno. La aparente impunidad que sienten unos con la dureza que sienten los otros en según que ilegalidades. Unos incentivos que impulsan la aparición de actitudes moralmente reprobables a otro donde se intenta contener dichos instintos. Por eso creo que hay que atacar en esa dirección. Evidentemente el aspecto cultural tiene parte de culpa, pero si echamos un vistazo a nuestro alrededor, es raro ver un país democrático fuera del entorno latino o mediterráneo que no tenga también algún caso de corrupción en las altas esferas, aunque dichas sociedades les fiscalicen más. Pienso por ejemplo en Boris Johnson o Biden con el tema de sus hijos. Por eso mi pesimismo en pensar que quizás la cota 0 de corrupción, aunque deseable, es imposible. Quizás nos tenemos que conformar con minimizarla, aunque sea el menor de los males. Gracias por tus comentarios, un abrazo.
Sumaria a todo lo que comentas la necesaria separación de poderes, el endurecimiento de las leyes y la eliminación de los aforamientos. Si el ser humano busca su beneficio y la propia carrera política está diseñada de manera que llegan los corruptibles, al menos que no se sientan inmunes y que no lo sean. Que lo paguen bien caro, quizás así se lo piensen más.
Y que caiga igual de fuerte para la empresas que pagan mordidas.
No hay nada que dé más rabia que ver robar y encima se vayan de rositas.
Haría un matiz. Los aforamientos en si no están mal per se. Hay que proteger en cierta forma que por ejemplo el presidente o sus ministros sean perseguidos por cualquier denuncia por parte de la sociedad. Sería un gran trabajo para juzgados y muchas de ellas serían únicamente por motivos políticos. Lo que hay es que reducirlos sensiblemente solo a aquellos puestos de máxima responsabilidad. No es normal que tripliquemos en aforados a países como Alemania. Gracias por comentar.
Cuando sale este asunto suelo decir lo mismo: los políticos no son marcianos de otro planeta. Salen de una sociedad y una cultura concreta. Desde luego que no somos moralmente superiores a ellos. Lo que pasa es que a menudo ellos nos venden que sí lo son.
Creo que, a nivel social, somos ingenuos por naturaleza. Necesitamos creer en los que nos gobiernan, cuando en realidad son tan humanos como nosotros. Y de ahí vienen las decepciones.
Estoy muy de acuerdo con tu reflexión, Javier, porque logras poner en palabras —de forma elocuente— algo que a mí me cuesta mucho expresar. Yo suelo resumir todo lo que planteas en una sola y provocadora pregunta dirigida a Ménez:
¿Por qué el pueblo elige siempre a los peores?
El título de su post, “¿Siempre nos gobiernan los peores?”, no contribuye, a mi juicio, a enriquecer el debate ni a buscar salidas al problema, que por cierto no es exclusivamente español.
Para mí, el verdadero enigma —y uso la palabra con cierta ironía— es otro: ¿por qué el pueblo sigue votando a quienes claramente no lo representan?
Lo digo con ironía porque aquí, en esta comunidad de Substack, sobra inteligencia, criterio y cultura política. Eso lo sabemos todos. Pero lo que falta, y es la raíz del problema, es alfabetización política a gran escala. Y esa carencia explica, en parte, la paradoja que me lleva a formular esa pregunta.
Porque no, los que realmente nos gobiernan no son “los peores” políticos de los que tanto hablamos. Los que gobiernan de verdad son las grandes corporaciones que controlan el relato, manipulan la agenda y determinan lo que debe ser percibido como verdad.
Son empresas con tentáculos bien engrasados que jamás se presentan a elecciones, pero que corrompen desde las sombras. Nadie vota por ellas, y sin embargo imponen su voluntad a través de sus operadores. Y por eso, en la calle, casi nadie sabe quién es la verdadera fuente de tanta podredumbre.
Nos indignamos con los corruptos visibles, los de turno, porque es cómodo. Pero rara vez señalamos con nombre y apellido a los verdaderos amos del tablero: compañías como Acciona que compra políticos y Prisa que controla la information y el relato. Ambas empresas pertenecen a los mismos dueños y otras similares, cuyos ejecutivos alimentan a sus esclavos —sus “wage slaves”— con suficiente lealtad como para que jamás se vuelvan contra ellos.
Hasta que un día, quizá, alguien se rebele. Y entonces, cuando el pueblo ya no tenga nada que llevarse a la boca, puede que quiera devorar —literalmente— a los dueños del hambre.
Muy de acuerdo contigo, Javier. Los políticos se corrompen porque son seres humanos, si, pero porque el sistema lo permite. Porque hay puestos en la administración pública que están asignados a dedo por los partidos y a ellos se deben para poder cobrar un sueldo.
El sistema es clientelar porque es una herencia cultural cuyo origen se pierde en el principio de los tiempos. Y las empresas ofrecen morirdas y otros 'beneficios' porque es, de nuevo, como el sistema está acostumbrado a funcionar.
Ahora esto se ha trasladado también al ciudadano que en gran parte vive de subvenciones o pagas: para qué trabajar si me pueden pagar la vida, ¿verdad? De nuevo, el sistema fomenta que algunos se aprovechen y dado que el control del trabajo de la administración es prácticamente nulo, pues esto es jauja.
Otra cuestión de la que no oigo hablar mucho es cómo muchas de las personas que llegan a altas cargos lo hacen sin la formación necesaria para el puesto: son gente "del partido" que han "cumplido" con todo lo que se les ha pedido y hay que recompensarles. Vamos, trepas de toda la vida sin escrúpulos.
Creo que nuestros políticos deberían ser los mejores preparados y con un alto grado de valores morales y éticos. Sí, lo sé, soy una soñadora 😅😶🌫️
🤣 Sí y no... Son los peores de los peores... Es que es muy curioso que la gente medianamente preparada y con ciertos principios salga huyendo de la política.
Genial análisis. Un amigo decía que el presidente de un país deberia ser como el de una comunidad de vecinos: Que solo aparece cuando hay un problema. En España es al revés. Un abrazo.
Mi último comentario sobre el valor de los que nos gobiernan. Mirando a los datos sobre la riqueza acumulada por uno de ellos y no es el único, pero acabo de caer en un artículo que revela mucho. Con esta información sobre un pobre hambre, se entiende porque ningún alto cargo se queja de su salario cuando accede a su cargo, dure lo que dure el mandato saben que su futuro económico está garantizado.
¿Alguien me puede explicar como un presidente con su sueldo miserable puede acumular tanta riqueza? Será que la corrupción sigue persiguiendo a sus víctimas hasta la muerte.
Felipe González, pobre hombre.
- Parcela de 500 m2 con vivienda de 350 m2 en Somosaguas.
Hola @menez (de nuevo)
Una vez me comentó brillante economista Emilio Ontiveros (que en paz descanse), profesor mío en la UAM y al cabo de muchos años amigo, que ninguno de sus alumnos brillantes había acabado en política, y que era una pena. Él mismo sonó para ministro de Economía muchas veces, y lo acabó rechazando.
Parece que los mecanismos que comentas son ciertos, y que hay corruptos no sería más que una consecuencia lógica del sistema. Dos matices, sin embargo:
1) Hay mucha gente decente en política. Y muchos altos cargos de la Administración que no han tocado nunca un duro. Sí concedo que para llegar muy alto, hay que prescindir no solo de la vidad personal, sino también de la moral. Lo cual, visto desde un punto de vista de asignación de recursos, es paradójicamente inevitable, pues el sistema castiga a la gente con ética. Pero esa falta de ética debería limitarse a lo político (y hasta lo personal), no a lo económico. El poder concede sensación de inmunidad.
2) Sin embargo, eso significaría que los noruegos y los holandeses, todos los seres humanos en general que se dedicasen a la política, tenderían a la misma corrupción. Pero no es así. Por el contrario, los noruegos y los holandeses (por poner ejemplos que nos salen naturales) son igual de corrompibles. Pero el incentivo de la corrupción es inferior al miedo al castigo, y a las probabilidades de ser atrapado.
Ese, creo, es el principal problema de una cierta cultura latina (aunque en Portugal hay menos corrupción que aquí): una cierta tolerancia social, que se quiebra solo en los casos más escandalosos, y la ausencia de un sistema público de control. Ten en cuenta que, al fin y al cabo, nuestra cultura política bebe de una tradición romana basada en el clientelismo (de la que carecen los países germánicos, y sé que caigo en un tópico manido). El Tribunal de Cuentas debería ser temido por los políticos, no ninguneado.
La solución, como bien dices, no es reemplazar la democracia por otra cosa. Platón no estaba en lo cierto, aunque ya vio entonces los fallos del sistema. La voluntad general, voluble y desinformada, siempre será mejor que el criterio interesado de unos pocos, por buenas intenciones que supuestamente tengan. Sin embargo, hacia allá vamos, y la culpa no es nuestra, sino de quienes han dirigido el sistema político diciendo una cosa y la contraria.
Una pena. Los que aúllan ahora escandalizados se preparan para ocupar los despachos que van a quedar vacíos, y la rueda volverá a girar.
Hola Ignacio. Tuvo que ser un lujo ser alumno y amigo de Ontiveros, uno de los economistas más destacados que ha tenido nuestro país.
Es obvio que hay gente que hace bien su trabajo en la Administración Pública y que jamás tocaría un euro, sin duda. Pero al final los incentivos en las altas esferas priman a aquellos con menos escrúpulos, con menores frenos morales de hacerse con el poder. Decía Lord Acton que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.
Estoy de acuerdo en el matiz cultural sin duda. Pero si lo mencionaba en otro comentario. Aunque en otros países la tolerancia social sea sensiblemente menor, no se libran totalmente de que aparezcan políticos corrompidos en altas esferas. Justo ahí va mi critica, con esa sensación de resignación de pensar que lo ideal, ningún corrupto dentro de nuestros gobernantes, parece un objetivo imposible. Y por eso señalo a los incentivos del sistema. Pero comparto que Platón se equivocaba, el pueblo debe ser soberano, aunque se equivoque. Aunque eso no debe frenarnos para criticarlo. Un placer como siempre debatir contigo, un abrazo.
Muy fatalistas Ménez e Ignacio. Todo el mundo en #sPAIN a llegado a creérselo y a los políticos les viene muy bien.
La gente humilde cree que no tiene alternativa porque todos los partidos son corruptos y los medios de comunicación lo confirman.
Y cuando se acaba la crisis por no decir la fiesta y cuando ya nadie habla de los escándalos volvemos todos y todas alegremente a votar a los mismos corruptos.
Afortunadamente hay irreductibles, yo por ejemplo. Desde 2015 no voté a otro partido que Podemos y nunca me he sentido defraudado.
Pero olvidáis que hay gente, muy poca estoy de acuerdo, que entran en política para cambiarlo todo y pelear para derechos y libertades y menos desigualdades o injusticias. Y esa gente lleva 11 años en varios gobiernos municipales, autonómicos y estatales en puestos de muy alto nivel. Y once años con corrupción cero. Si se puede.
Pero no se ha merecido que ninguno de los dos habéis mencionado ese muy pequeño pero tan importante detalle.
Salud y Republica. sPAIN se lo merece.
Puede que los incentivos no sean los mejores pero, como apunta Ignacio, creo que el clientelismo cultural nos pasa especialmente factura.
Detecto una pequeña contradicción en tu apreciación: si - un tanto ideológicamente - sostienes que lo que predomina en la naturaleza humana es la tendencia a buscar nuestros propios intereses por encima de los colectivos, que los trepas políticos abunden frente a los servidores públicos es solo una consecuencia inevitable, y por tanto no es que lleguen los peores de entre nosotros: es que nosotros también somos eso que vemos en la élite corrupta. Casi todo el mundo se tiene por más moral de lo que en realidad es. No tengo tan claro que la tasa de corrupción política sea mucho más alta que la corrupción social. Pero es más escandalosa y mediática. Un asesino que se lía a tiros un día causa mucho más escándalo que los miles y miles de cooperantes que trabajan por otros sin ser noticia durante ese mismo día.
Dicho esto, estoy contigo en que es necesario endurecer y erradicar incentivos perversos. Por ejemplo, yo subiría la apuesta: yo incentivaría el propio ejercicio público con salarios más altos, con una parte variable en función de resultados electorales parciales. El salario del presidente del gobierno es muy bajo. Y por supuesto endurecería enormemente los delitos de corrupción. Para mí, al nivel de la alta traición. Tanto para corruptos como para corruptores. Que aquí casi ningún medio habla de las empresas que pagan para corromper. Será porque precisamente patrocinan esos medios.
Gracias por traer la reflexión.
Hola Javier. No se trata de una contradicción, justamente pienso como apuntas. Tengo la intuición de que los gobernantes en una democracia representan mejor al pueblo de lo que creemos. Ya conoces los posts en los que he abordado la ignorancia o irracionalidad del votante. Por tanto, no creo que los políticos sean mucho mejor que la sociedad a la que representan, aunque como apunta Ignacio, se venden como tal. Lo que si sucede, que creo que es la gran diferencia entre políticos y votantes, son las reglas del juego, el sistema de incentivos de cada uno. La aparente impunidad que sienten unos con la dureza que sienten los otros en según que ilegalidades. Unos incentivos que impulsan la aparición de actitudes moralmente reprobables a otro donde se intenta contener dichos instintos. Por eso creo que hay que atacar en esa dirección. Evidentemente el aspecto cultural tiene parte de culpa, pero si echamos un vistazo a nuestro alrededor, es raro ver un país democrático fuera del entorno latino o mediterráneo que no tenga también algún caso de corrupción en las altas esferas, aunque dichas sociedades les fiscalicen más. Pienso por ejemplo en Boris Johnson o Biden con el tema de sus hijos. Por eso mi pesimismo en pensar que quizás la cota 0 de corrupción, aunque deseable, es imposible. Quizás nos tenemos que conformar con minimizarla, aunque sea el menor de los males. Gracias por tus comentarios, un abrazo.
Sumaria a todo lo que comentas la necesaria separación de poderes, el endurecimiento de las leyes y la eliminación de los aforamientos. Si el ser humano busca su beneficio y la propia carrera política está diseñada de manera que llegan los corruptibles, al menos que no se sientan inmunes y que no lo sean. Que lo paguen bien caro, quizás así se lo piensen más.
Y que caiga igual de fuerte para la empresas que pagan mordidas.
No hay nada que dé más rabia que ver robar y encima se vayan de rositas.
Haría un matiz. Los aforamientos en si no están mal per se. Hay que proteger en cierta forma que por ejemplo el presidente o sus ministros sean perseguidos por cualquier denuncia por parte de la sociedad. Sería un gran trabajo para juzgados y muchas de ellas serían únicamente por motivos políticos. Lo que hay es que reducirlos sensiblemente solo a aquellos puestos de máxima responsabilidad. No es normal que tripliquemos en aforados a países como Alemania. Gracias por comentar.
Cuando sale este asunto suelo decir lo mismo: los políticos no son marcianos de otro planeta. Salen de una sociedad y una cultura concreta. Desde luego que no somos moralmente superiores a ellos. Lo que pasa es que a menudo ellos nos venden que sí lo son.
Creo que, a nivel social, somos ingenuos por naturaleza. Necesitamos creer en los que nos gobiernan, cuando en realidad son tan humanos como nosotros. Y de ahí vienen las decepciones.
Gran comentario como siempre.
Estoy muy de acuerdo con tu reflexión, Javier, porque logras poner en palabras —de forma elocuente— algo que a mí me cuesta mucho expresar. Yo suelo resumir todo lo que planteas en una sola y provocadora pregunta dirigida a Ménez:
¿Por qué el pueblo elige siempre a los peores?
El título de su post, “¿Siempre nos gobiernan los peores?”, no contribuye, a mi juicio, a enriquecer el debate ni a buscar salidas al problema, que por cierto no es exclusivamente español.
Para mí, el verdadero enigma —y uso la palabra con cierta ironía— es otro: ¿por qué el pueblo sigue votando a quienes claramente no lo representan?
Lo digo con ironía porque aquí, en esta comunidad de Substack, sobra inteligencia, criterio y cultura política. Eso lo sabemos todos. Pero lo que falta, y es la raíz del problema, es alfabetización política a gran escala. Y esa carencia explica, en parte, la paradoja que me lleva a formular esa pregunta.
Porque no, los que realmente nos gobiernan no son “los peores” políticos de los que tanto hablamos. Los que gobiernan de verdad son las grandes corporaciones que controlan el relato, manipulan la agenda y determinan lo que debe ser percibido como verdad.
Son empresas con tentáculos bien engrasados que jamás se presentan a elecciones, pero que corrompen desde las sombras. Nadie vota por ellas, y sin embargo imponen su voluntad a través de sus operadores. Y por eso, en la calle, casi nadie sabe quién es la verdadera fuente de tanta podredumbre.
Nos indignamos con los corruptos visibles, los de turno, porque es cómodo. Pero rara vez señalamos con nombre y apellido a los verdaderos amos del tablero: compañías como Acciona que compra políticos y Prisa que controla la information y el relato. Ambas empresas pertenecen a los mismos dueños y otras similares, cuyos ejecutivos alimentan a sus esclavos —sus “wage slaves”— con suficiente lealtad como para que jamás se vuelvan contra ellos.
Hasta que un día, quizá, alguien se rebele. Y entonces, cuando el pueblo ya no tenga nada que llevarse a la boca, puede que quiera devorar —literalmente— a los dueños del hambre.
Muy de acuerdo contigo, Javier. Los políticos se corrompen porque son seres humanos, si, pero porque el sistema lo permite. Porque hay puestos en la administración pública que están asignados a dedo por los partidos y a ellos se deben para poder cobrar un sueldo.
El sistema es clientelar porque es una herencia cultural cuyo origen se pierde en el principio de los tiempos. Y las empresas ofrecen morirdas y otros 'beneficios' porque es, de nuevo, como el sistema está acostumbrado a funcionar.
Ahora esto se ha trasladado también al ciudadano que en gran parte vive de subvenciones o pagas: para qué trabajar si me pueden pagar la vida, ¿verdad? De nuevo, el sistema fomenta que algunos se aprovechen y dado que el control del trabajo de la administración es prácticamente nulo, pues esto es jauja.
Otra cuestión de la que no oigo hablar mucho es cómo muchas de las personas que llegan a altas cargos lo hacen sin la formación necesaria para el puesto: son gente "del partido" que han "cumplido" con todo lo que se les ha pedido y hay que recompensarles. Vamos, trepas de toda la vida sin escrúpulos.
Creo que nuestros políticos deberían ser los mejores preparados y con un alto grado de valores morales y éticos. Sí, lo sé, soy una soñadora 😅😶🌫️
No. Mas bien solo los peores llegan a puestos de poder. La buena gente se cansa de los trapicheos de estos psicópatas.
Entonces... ¿estamos de acuerdo?😅
🤣 Sí y no... Son los peores de los peores... Es que es muy curioso que la gente medianamente preparada y con ciertos principios salga huyendo de la política.
Genial análisis. Un amigo decía que el presidente de un país deberia ser como el de una comunidad de vecinos: Que solo aparece cuando hay un problema. En España es al revés. Un abrazo.
Una gran frase la de tu amigo. Gracias por comentar. Un abrazo!
Mi último comentario sobre el valor de los que nos gobiernan. Mirando a los datos sobre la riqueza acumulada por uno de ellos y no es el único, pero acabo de caer en un artículo que revela mucho. Con esta información sobre un pobre hambre, se entiende porque ningún alto cargo se queja de su salario cuando accede a su cargo, dure lo que dure el mandato saben que su futuro económico está garantizado.
¿Alguien me puede explicar como un presidente con su sueldo miserable puede acumular tanta riqueza? Será que la corrupción sigue persiguiendo a sus víctimas hasta la muerte.
Felipe González, pobre hombre.
- Parcela de 500 m2 con vivienda de 350 m2 en Somosaguas.
–Vivienda en Pozuelo de Alarcón.
– Vivienda en la urbanización de Sotogrande.
–Vivienda en Castellar de la Frontera.
–Finca extremeña “El Penitencial”.
–Mansión en Tánger de 2,5 mill