¿El dinero da la felicidad?
Sobre el dinero, su utilidad marginal y la cantidad de ingresos ideal para ser feliz.
Al compositor y pianista argentino Rodolfo Sciammarella (1902-1973) se le atribuye la autoría de la letra de esta famosa canción:
«Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor.
El que tenga esas tres cosas,
que le dé gracias a Dios».
Parece que esas son las claves de la felicidad según la sabiduría convencional. Pues hoy hablaremos sobre la segunda de ellas. ¿Da el dinero la felicidad? ¿Se puede cuantificar? ¿O, por el contrario, puede ser perjudicial?
Qué es el dinero y por qué lo demandamos
«¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!» Groucho Marx.
El dinero no goza de buena fama. Desde la moral religiosa se ha señalado su atesoramiento y acumulación como algo negativo per se. Sin ir tan lejos, la Biblia en uno de sus pasajes, afirma que «la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» (Timoteo 6:10). La avaricia es uno de los siete pecados capitales, y conductas como cobrar un interés en los préstamos dinerarios (la usura) estaban prohibidas por la Iglesia Católica.
La filosofía occidental no es ajena a dicha visión. Los estoicos ya consideraban que el deseo de riquezas aleja al ser humano de virtudes esenciales como la sabiduría, la templanza o la justicia. Entre las visiones más contemporáneas, que gozan de renovadas fuerzas, están las ideas de Karl Marx, notorio crítico del capitalismo. El dinero no sería más que otro bien de ese fetichismo de la mercancía que caracteriza al sistema capitalista.
No obstante, estas perspectivas nos alejan de lo que verdaderamente es el dinero. Al fin y al cabo, no deja de ser un bien más, con unas características que le da un lugar especial en la economía gracias a que facilita la cooperación y el intercambio entre individuos. Según Carl Menger, entre otros, se considera dinero cualquier bien que cumpla las siguientes funciones:
Medio de intercambio generalmente aceptado: Los agentes económicos queremos intercambiar bienes que disponemos por bienes que necesitamos y/o deseamos. Para minimizar los costes de transacción debido a las limitaciones del trueque, se empezaron a utilizar diferentes bienes que sirviesen como medio de intercambio indirecto. Esto hizo que determinados activos reales apareciesen como solución a este problema1. El ejemplo clásico es el oro.
Reserva de valor: Los agentes económicos no solo necesitamos intercambiar bienes en el presente, sino que también necesitamos intercambiar bienes en el futuro. El dinero sirve para retener valor en el tiempo. Por ello, para que algo sea dinero debe tener la capacidad de mantener valor de forma estable con el trascurso del tiempo.
Unidad de cuenta: Como se referencian los precios en una economía. Esto facilita los cálculos económicos, fraccionar el dinero y saber cuánto cuesta cada una de las cosas que deseamos adquirir.
¿Por qué las personas demandan dinero? Según John Maynard Keynes, por estas 3 razones:
Motivo transacción: Tener la liquidez necesaria para hacer frente a las transacciones cotidianas.
Motivo precaución: Hacer frente a contingencias imprevistas.
Motivo especulación: Los agentes atesorarán o desatesorarán dinero en función de la variación de los tipos de interés, buscando mayores rentabilidades para sus ahorros en función del contexto macroeconómico.
En definitiva, queremos dinero para poder acceder a diferentes bienes y servicios, tanto aquellos que cubran nuestras necesidades más básicas, como aquellos que nos permitan mejorar nuestro nivel de vida y el de los nuestros; también para aquello que deseamos. Por tanto, es importante deshacerse del estigma que acompaña al dinero, pues no es más que una herramienta que ha surgido de forma espontánea y descentralizada que permite la coordinación y cooperación entre los seres humanos2.
Dinero y felicidad
«El dinero no compra la felicidad... pero produce una sensación tan parecida que es necesaria la asistencia de un especialista para verificar la diferencia». Woody Allen.
Los premios Nobel de Economía Daniel Kahneman y Angus Deaton presentaron en 2010 el estudio titulado High income improves evaluation of life but not emotional well-being. En este artículo llegan a la conclusión de que un aumento en los ingresos se correlaciona con un incremento en la felicidad de la persona, pero solo hasta un determinado punto, que sería en torno a los 75.000 $3 (100.000 € en 2024).
Los autores diferencian entre la satisfacción emocional (tu estado actual de ánimo, lo feliz que te sientes ahora mismo) y la satisfacción con la vida (la percepción de vivir una buena vida y las circunstancias que la rodean). Respecto a la primera, los autores descubrieron que las personas van siendo más felices a medida que se acercan a los 75.000$4. Para ello, evaluaron las respuestas de personas que clasificaron en diferentes grupos, pero cuyas respuestas fueron similares. Sus resultados indican que para las personas de renta baja, un incremento en los ingresos provoca una mejora notable en su satisfacción. En cambio, en aquellos individuos con altos ingresos, la mejora emocional por un incremento en estos es mínima, llegando a no mejora en absoluto su bienestar emocional. Superada la cifra de 75.000$, el bienestar emocional alcanza una meseta, por lo que aunque se incrementen los ingresos, la felicidad asociada ya no aumenta.

En cuanto a la satisfacción con la propia vida, la felicidad asociada a los aumentos de ingresos siguen positivamente correlacionados mucho más allá de esta cifra. Para los autores, la explicación reside en que los ingresos y la educación están más estrechamente relacionados con la satisfacción con la vida; pero la salud, el cuidado, la soledad y el tabaquismo son predictores relativamente más fuertes de las emociones diarias. Por tanto, los ingresos están más fuertemente relacionados con la satisfacción vital que con la emocional. Se podría decir que el dinero «compra» la satisfacción con la vida, pero no la felicidad emocional.
Utilidad marginal
No obstante, tanto para el caso de la satisfacción con la vida como para el caso del bienestar emocional, el ratio de satisfacción que generan ingresos adicionales va siendo cada vez más reducido. Este fenómeno que describen Kahneman y Deaton es conocida en Economía como la Ley de la Utilidad Marginal Decreciente. Esta ley es uno de los fundamentos de la Teoría Económica, siendo uno de los descubrimientos más importantes de esta ciencia social que dio lugar a la conocida como Revolución Marginalista. Stanley Jevons, Léon Walras y Carl Menger llegaron, de forma separada y sin previa interacción entre ellos, a la misma conclusión: el valor de los bienes no depende de factores intrínsecos (como por ejemplo el coste del trabajo asociado), sino de la satisfacción que percibe el individuo al consumir dicho bien. Es decir, el valor de los bienes es subjetivo.
Es esencial comprender que la importancia radica no en la utilidad total del bien en cuestión, sino en la utilidad adicional que una unidad más del bien le reportará al consumidor. Imagine que le gustan los helados. El primer helado que se coma le generará una gran satisfacción. Un segundo helado le satisfará también, aunque seguramente en menor medida. En cambio, cuando tenga que comerse un quinto helado seguido, lo más probable es que ya no le apetezca porque se haya saciado. Esto justamente es lo que estipula la Ley de la utilidad marginal: cada unidad adicional del bien consumido aumentará su utilidad, pero a un ritmo decreciente. En otras palabras, cada unidad adicional le satisfará, pero en menor medida que la unidad anterior.
En el caso del dinero, los primeros 10.000$ adicionales, si gana un sueldo de por ejemplo 15.000$ anuales, le hará bastante feliz. Si usted ya gana 60.000$, seguramente le hará feliz dichos ingresos adicionales, aunque no tanto. Si usted es Bill Gates, lo más probable es que le sea prácticamente indiferente unos 10.000$ más.

Debe mencionarse que estudios recientes han enmendado en mayor o menor medida la investigación de Kahneman y Deaton. Sucintamente, la enmienda más interesante sugiere que la utilidad marginal del dinero disminuye a un ritmo más lento que en otros bienes. Al tratarse de un bien que se utiliza como medio de intercambio indirecto y por ser el bien más líquido que existe, su utilidad marginal disminuye mucho más despacio. En otras palabras, el deseo de más dinero disminuye con su acumulación, pero el punto de saciedad es mucho más distante que en otros bienes. Esto quiere decir en nuestro caso que posiblemente la cifra donde se encuentre el punto de inflexión se situará más allá de los 75.000$.
Relatividad
El dinero está positivamente relacionado con la felicidad. Como ya hemos comentado, aumentos en los ingresos de los individuos están ligados con aumentos de su felicidad en términos absolutos. Sin embargo, como ya hemos comentado aquí en Delfos, nuestra felicidad depende en gran medida de cómo comparamos nuestras circunstancias con los demás.
Un ejemplo de esto es la percepción de las personas de renta alta que viven en urbanizaciones de lujo. Según los estudios, las personas que tienen los ingresos más bajos dentro de estas urbanizaciones declaran ser menos felices. Algo cuanto menos curioso, pues el común de los mortales estaría muy contento de cambiarle el lugar. Por ende, estas investigaciones demuestran que nuestra felicidad asociada a la cantidad de ingresos que uno percibe es contextual, y se da para todos los niveles de renta.
Conclusiones
En definitiva, a falta de futuros estudios, las investigaciones señalan en su mayoría una relación positiva entre dinero y felicidad. Nuestro bienestar emocional y la satisfacción con la propia vida mejoran al crecer nuestros ingresos. El dinero cubre necesidades básicas y da seguridad. Pero también sirve para vivir holgadamente y darnos ciertos lujos. El dinero no es malvado per se, aunque su embrujo puede llevar a las personas a salirse del camino de la rectitud.
Muchos dicen que el dinero no da la felicidad, pero que ayuda. Esto es lo que demuestra su utilidad marginal decreciente: llegado a «X» cantidad, la felicidad dependerá de otros factores tales como la calidad de tus relaciones afectivas, la familia o la salud propia y de tus seres queridos. Pero sería inútil considerar que no es importante. Si después de este texto considera que ni da ni ayuda, estaré encantado de recibir su Bizum.
«No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo». Alejandro Dumas.
El efecto red también fue necesario para que determinados bienes se sobrepusiesen a otros en ser utilizados como dinero. Este se define como el fenómeno por el cual el valor o la utilidad que un usuario obtiene de un bien o servicio depende del número de usuarios de productos compatibles. Aplicado a nuestro caso, el valor de utilizar un determinado bien como dinero aumenta en función de si más personas adoptan ese mismo bien para utilizarlo también como dinero, favoreciendo así las transacciones al convergerse a uno, como históricamente ha ocurrido con el oro o la plata.
De forma sucinta, la función de dinero puede ser realizado por un activo real como el oro, o por un activo financiero, como el dinero fiat. El primero es un objeto útil, que te otorga un derecho de propiedad sobre una cosa. En cambio el segundo es un objeto útil que constituye el pasivo financiero de otro agente económico, en este caso del Banco Central/Estado.
Lo cierto es que los autores no hablan de esta cifra, sino de una horquilla entre 60.000$ y 90.000$. Cuando se habla de este trabajo, se utiliza la cantidad de 75.000$ como representación media de la horquilla.
Una máxima en Economía, y generalmente cuando se trabaja con datos, es no confundir correlación con causalidad. Los estudios aquí presentados apuntan a una relación positiva entre dinero y felicidad. ¿El dinero da la felicidad? Lo que estos estudios dicen es que ambas están positivamente correlacionadas, moviéndose ambas en la misma dirección, pero ello no implica que un incremento en una variable provoque directamente un aumento en la otra.



Muy buena publicación. Recuerdo haber trabajado hace años con indicadores sobre encuestas de felicidad que, correlacionados con renta per cápita, ofrecían ese patrón de saturación.
Es interesante lo que apuntas sobre que la utilidad marginal en el deseo del dinero disminuye con su acumulación de forma mucho más lenta que otros bienes, trazando a un claro gradiente con la fluidez de su posible intercambio: El deseo de recursos que se consumen físicamente, como la comida, caen rápido porque indudablemente la saciedad fisiológica opera en nosotros (además de su carácter perecedero). Los bienes materiales que se acumulan, cuando alcanzan el umbral de ser inútiles o poco aprovechables (tanto desde el punto de vista material como reputacional), en seguida comienzan a verse interesantes sólo como activos o patrimonio para ser intercambiado por otras cosas (y cuanto más duraderos y deseables, como una vivienda, mejor mantendrán su "deseabilidad"). Y sobre ellos aparece el dinero, que debe luchar contra el desgaste constante de la inflación que lo devalúa (en ese sentido, es perecedero) pero que siempre resulta mucho más fácil de ser intercambiado que el resto de los recursos.
La clave, para mí, está en la capacidad nuclear del dinero que emerge ya en su origen para codificar información acerca de las acciones de altruismo recíproco: el dinero es la forma en la que tenemos de materializar el recuerdo de los favores que nos hemos hecho por entregarnos productos o servicios. Con el tiempo, estos favores también se devalúan en cuanto somos capaces de producirlos más. El propio Menger estudió que la aparición del dinero se da de forma espontánea para fluidificar estos intercambios, como apuntas, en materiales tan escasos como cuentas perforadas en el Paleolítico o metales preciosos. Por si ayuda a completar, escribí sobre el dinero como tecnología de la información aquí (https://jajugon.substack.com/p/el-origen-del-dinero-como-tecnologia) y sobre el efecto red de estos intercambios aquí (https://jajugon.substack.com/p/el-efecto-red).
Buen trabajo.
Súper interesante, mil gracias 👏